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Alegría y felicidad: claves para sentirte plena

Conocé cuál es la diferencia entre ambas y cómo podemos alcanzarlas más fácilmente.


Si tuviéramos que describir a la alegría podríamos decir que es aquello que experimentamos ante una buena noticia, cuando logramos alcanzar una meta, cuando hacemos algo que nos divierte o cuando nos sentimos amadas. En definitiva, se trata de una emoción, una sensación que puede ser fugaz pero también muy intensa, que nos invade el pecho y nos hace sonreír.

La felicidad, en cambio, es un sentimiento. Es mucho más estable y representa cómo nos sentimos y evaluamos nuestra existencia en general. 

Cuando nos sentimos alegres nos conectamos más fácilmente con sentimientos positivos como la solidaridad y la cooperación, nuestros problemas nos parecen más pequeños, somos capaces de ver el lado positivo de las cosas.

Sentirnos felices, implica una conjunción de plenitud entre nuestro cuerpo, mente y espíritu. Podemos no estar permanentemente contentas, riéndonos o de buen humor, pero estamos satisfechas con nuestra existencia. Los matices de la vida hacen que nuestro estado de ánimo oscile sin que esto le quite mérito a nuestra percepción de bienestar general.

A veces, para alcanzar la felicidad tenemos que atravesar procesos de sufrimiento, o esforzarnos para cambiar conductas que nos alejan de ella. El autoconocimiento es imprescindible en este proceso. Si logramos identificar aquello que nos pone contentas y nos hace felices podemos ir conscientemente en su búsqueda.

La plenitud que hace falta para ser felices tiene múltiples significados. Y es que su sentido varía según cada persona. Para algunas puede tener que ver con el éxito social y económico, para otras con el bienestar emocional o sentimental. Es importante intentar descubrir cuál es nuestro sentido y hacer lo posible por alcanzarlo. Para ello, existen ciertos parámetros que pueden ser de mucha ayuda:

Identificar los obstáculos que nos impiden ser felices: ya sea que se trate de situaciones, ámbitos, personas o acciones que nos dificulten el camino hacia la felicidad.

Cuidar de nuestra salud: Teniendo en cuenta nuestra alimentación para proteger nuestros órganos; haciendo ejercicio de forma regular que nos ayude a mantenernos en forma, a fortalecer nuestros huesos y tonificar nuestros músculos; descansando el tiempo necesario para que nuestro organismo se regenere.

Alimentar nuestra mente y espíritu: a través de la lectura, la música, el arte en todas sus formas. Acercándonos a aquello que nos haga sentir bien con nosotras mismas y con el mundo que nos rodea.

Realizar los cambios necesarios para superar nuestros impedimentos: alejándonos de lo que nos hace mal, pidiendo ayuda, modificando hábitos nocivos.

Aceptar las limitaciones propias y ajenas: reconociendo aquello que no podemos modificar.

Emplear el tiempo libre en lo que nos dé placer: no importa de qué actividad se trate, si te hace feliz, hacelo.

Cuidar nuestras relaciones con otros: fomentando y alimentando nuestra red afectiva.